26 octubre, 2012

Aprender de nuestros amigos Vikingos

En la entrada de hoy me dedico – nuevamente – a la transición energética. Últimamente, los países Europeos han tenido dificultades con el progreso de sus transformaciones. ¿Cuesta demasiado dinero (y bienestar) realizar estos planes? ¿Es posible técnicamente?
Sorprendente aprovechamos muy poco de la experiencia europea para responder a estas preguntas. En un reciente congreso en Potsdam se discutió sobre lo que Alemania podría aprender de los países nórdicos a la hora de descarbonizar su economía y se obtuvieron unas conclusiones muy interesantes - también para España.
No voy a repetir la necesidad de descarbonizar los sistemas energéticos, ya lo hicimos anteriormente (ver entradas anteriores dedicadas a casos especiales de Gran Bretaña, Alemania y Japón; o entradas referentes a la ampliación de redes y otros efectos secundarios de las renovables). Pues hay necesidad, pero el progreso es lento. En España seguimos con una moratoria de tarifas para renovables y un déficit tarifario considerable. Recientemente Alemania tuvo que incrementar la tasa de apoyo a las renovables en un 47%. Actualmente vuelven a surgir las dudas sobre la viabilidad de los planes renovables - Timon Dubbeling reclamó recientemente en el European Energy Review que se acabó la fiesta de las renovables.
De momento hay desilusión. No obstante, hay razones para ser más optimista ya que en el norte de Europa hay una región entera que ya tuvo su transición. ¡Y no les ha ido mal!
Los países del norte de Europa ya tienen una participación renovable muy alta en sus sistemas energéticos. Noruega (60% de generación eléctrica renovable) desarrolló una gran capacidad eólica, tanto como Islandia (98% de generación eléctrica renovable), que además tiene mucha geotermia. Finlandia (30%) tiene fuentes hidráulicas y es rica en biomasa, Suecia (48% de generación eléctrica renovable) tiene capacidad eólica, hidráulica y biomasa. Dinamarca (40% de generación eléctrica renovable) destaca por su alta participación eólica. Al mismo tiempo estos países no han tenido precios eléctricos altos. La media de los precios spot en la bolsa de Nordpool ha sido de 35,02 €/MWh en 2009; 53,06 €/MWh en 2010; y 47,05 €/MWh en 2011 (ver Nordpoolspot). No son precios mucho mayores a los de otros países Europeos. (ver también la comparación de precios europeos de electricidad al consumidor de EUROSTAT)
¿Que han hecho mejor esos países? A pesar de las diferencias (económicas, topológicas, etc.) entre Escandinavia y otros países europeos, ¿podemos aplicar su experiencia para transformar los sistemas energéticos de otros países? Esas fueron las preguntas claves tratadas en el congreso “The Energiewende – is there a Nordic Way?” (“Energiewende” significa “transición energética” en alemán), que tuvo lugar el 15 y 16 de octubre en Potsdam (en las afueras de Berlin).
En el congreso participaron expertos del entorno energético de Alemania y los países Nórdicos. También estuvo presente el actual Ministro de Medio Ambiente y Seguridad Nuclear de la República Federal Alemana, Peter Altmeier (conocido también en España por un reciente artículo en el periódico El País sobre su visión energética), quien inauguró el congreso. Dadas las últimas dificultades con la transición energética, Altmeier seguramente estuvo escuchando muy atentamente a los invitados escandinavos. En su última entrada en el European Energy Review Paul Hockenos describe algunas de las principales conclusiones del congreso:
- La transición energética y la descarbonización de los sistemas energéticos en Escandinavia fue posible por la amplia cooperación internacional. La creación de un mercado único de electricidad, denominado Nordpool, ha sido clave para mantener los precios en niveles sostenibles.
- La diversidad entre los países no ha sido una desventaja. Al contrario, esta diversidad facilitó una cooperación beneficiosa para todas las partes ya que las diferentes tecnologías de generación dentro de la zona Nordpool combinan bien y reducen la volatilidad del conjunto del mercado. Así, cada mercado individual necesita menos capacidad de reserva ya que el comercio internacional balancea las fluctuaciones regionales / nacionales.
- Aparentemente, la población escandinava entiende mejor las consecuencias de una transición energética. La aceptación de nuevas líneas es mayor que en Alemania, por ejemplo, donde protestas locales paralizaron la construcción de nuevas líneas vitales. La política debería enfocarse más en el dialogo con el ciudadano, explicando bien las necesidades y consecuencias de la transformación energética. Otro proyecto ejemplar para aumentar la aceptación ciudadana es la participación local en proyectos eólicos en Dinamarca (ver documento de la IEA que describe este concepto a partir de la pág. 15).
 
Con su sorprendente salida de la energía nuclear en la primavera de 2011, Alemania arrancó su transformación con un enfoque nacional, algo que Altmeier describió como un posible error en su ponencia inaugural. El ejemplo de Nordpool indica que una opinión disconforme sobre la energía nuclear no impide una cooperación internacional o una integración de mercados eléctricos - En Nordpool, Suecia y Finlandia tienen capacidad nuclear, mientras que la población de Noruega y Dinamarca se opone a esta tecnología. Posiblemente, la estrategia alemana para su transformación energética pondrá más énfasis en la colaboración internacional en el futuro, no solamente con sus vecinos nórdicos sino potencialmente con sus otros vecinos también. En España deberíamos observar muy bien lo que hacen en estos países para aprender de sus experiencias y gestionar la transformación española de la mejor forma posible.

1 comentario:

  1. Salío recientemente otro artículo sobre como los daneses manejan su transformación energética.

    http://www.europeanenergyreview.eu/site/pagina.php?id=3960

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