Uno de estos temas que se me han ido pasando en estas últimas (liadas) semanas es la nueva regulación que ha introducido el gobierno federal de EEUU, por medio de la EPA, para controlar las emisiones de CO2.
Como cuenta Stavins en su resumen, la norma no es tan eficiente como podría haber sido un impuesto al CO2, o un sistema de comercio de emisiones, pero es lo que hay: después de que se cargaran la Waxman-Markey, la regulación via EPA era la única opción que le quedaba a Obama. Por cierto, que es interesante también la reflexión que hace sobre cómo los republicanos, antes a favor, ahora están en contra del cap-and-trade.

